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Vino y arte, por Jose Alberto

Baco, clasicismo e ironía


Así como es muy frecuente encontrar el mundo del vino, en cualquiera de sus manifestaciones, en cuadros y frescos de todas las épocas, es mucho más raro que aparezca en el ámbito de la escultura. Pero alguna hay, normalmente de temas relacionados con la mitología. Como esta que voy comentar, el Baco, una obra de juventud de de Miguel Ángel Bounarroti. Pero antes contextualicemos.

El siglo XV finiquita. Leonardo da Vinci ha probado con poca suerte su máquina voladora y Cristóbal Colón concluye su segundo viaje. Gonzalo Fernández de Córdoba , el Gran Capitán, les ha puesto las peras a cuarto a los franceses, destruyendo su presencia en Nápoles y restaurando a Fernando II (Ferrantino) en su trono. Casan el hermoso Felipe y la excéntrica Juana y los castellanos terminan la conquista de Tenerife. Así, el portugués Fernando de Castro planta la primera cepa en la isla en el año 1497.

El Divino Miguel Ángel, al que por cierto aun no llaman “el divino”, huido de Florencia en 1494 tras la muerte de Lorenzo de Medici, su mecenas y protector, deambula por Venecia y Bolonia donde recibe varios encargos menores. Tras una breve estancia en Florencia de nuevo, recala en Roma, revestido de una cierta aureola de experto en antigüedades, sobre todo por un Cupido suyo que se vendió por una pasta, en el mercadeo de piezas arqueológicas, como obra original grecolatina.

Recibió del Cardenal Raffaele Riario el encargo de realizar un Baco que esculpió en un año, entre julio de 1496 y julio de 1497. Por el encargo recibió un pago de 150 ducados más otros 10 por el bloque de mármol, lo que atestigua la mala calidad del mismo. Esta circunstancia influirá decisivamente en Miguel Ángel, que a partir de ahora se desplazará a Carrara personalmente a elegir los bloques de mármol de sus obras más representativas.

Esta pieza es inusual en todos los sentidos. Por primera vez un joven artista moderno, no muy conocido, realiza una figura en mármol monumental, de tamaño superior al normal, de bulto redondo con varios puntos de vista y, además, de tema antiguo.

El destino era complementar una colección de antigüedades al aire libre, por eso el artista representa su obra con los atributos y características propias de la escultura grecolatina. Un pequeño sátiro, de patas de cabra, ramonea los racimos y las hojas de parra, enredado en las piernas del dios. Este es truco escultórico sirve para afianzar la posición de la estatua, aumentado la superficie de contacto con la base y desplazando hacia abajo su centro de gravedad.

Además el dios Baco parece necesitar este refuerzo de su estabilidad, dada su posición insegura. Con su cabeza adornada con pámpanos y racimos, la cara alegre, la mirada libidinosa y algo extravía, Baco muestra ciertos efectos colaterales a su afición al vino y sus excesos y se tambalea en clara embriaguez mientras en su mano derecha levanta un kylix lleno de vino…

He comentado ya que un Cupido dormido del autor se revendió años antes como antigüedad auténtica por un precio exorbitado. Aquello parece que no le gustó a Miguel Ángel. Las estatuas grecorromanas suelen balancearse en un sólido contrapposto, Esta técnica, refinada por escultores clásicos como Policleto y Praxíteles, consiste en hacer recaer el peso de la figura sobre una sola pierna, liberando la otra, de modo que sus hombros y brazos pueden girar fuera del eje de la cadera y las piernas, dándole a la figura un aspecto más dinámico y rompiendo su frontalidad.

Pues bien, Miguel Ángel fuerza aquí el contrapposto hasta la burla, haciendo tambalearse al dios. ¿Adaptada al contexto de los coleccionistas romanos de la época? Sí, ahí está el miembro amputado y la técnica manifiestamente clásica, pero distanciándose claramente de la burda falsificación. Miguel Ángel vinculó su obra con el esplendor de la antigüedad, pero, al mismo tiempo cuestionó el ideal estético antiguo a través de la figura inestable de Baco. Como señaló el crítico Zöllner: imitando a la antigüedad para, simultáneamente, superarla con humor

Parece ser que al Cardenall Riario tampoco le agradó el resultado ya que poco después se deshizo de la obra, que pasó a manos del banquero Jacopo Galli. Más tarde fue adquirida por Francisco I de Médici en 1572 hasta su paso al Museo Nazionale del Bargello en Florencia en 1873, donde puede contemplarse en la actualidad.


  

  

  

  

  


Comentarios
Jose Tirado
(25/Abril/2013 - 20:17:23)
Muy interesante lo del contrapposto.

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